Vivir fuera del espacio Schengen
Le escribí un correo a mi jefe advirtiéndole que al día siguiente estaría ausente por la mañana de la oficina ya que tenía que resolver el tema de mi visado para las prácticas que expiraba ese mismo viernes 3 de Noviembre. Fecha en la que supuestamente debería estar de regreso a Europa sino hubiera decidido prolongar mis prácticas en la ONU.
Estaría ausente por la mañana y por la tarde. El autobús sale a las 13h30 de la estación de autobuses Port Authority de Nueva York. Llego con tiempo para encontrar un sitio en Times Square donde comprar periódicos españoles para leer durante el viaje. Un trozo de pizza y dentro. El chofer comprueba los pasaportes antes que subamos.
Soy el único blanco que viaja en el bus.
Tres horas de recorrido por el Estado de Nueva York. Parada de descanso en una estación de servicio. Dentro hay un Dunking Donuts y un Starbucks. Exactamente igual que en cada esquina de Manhatan.
Una hora más tarde llegamos a la frontera canadiense. Nos bajamos todos del bus y pasamos por el control aduanero. El policía canadiense me saluda y me pregunta en francés por mi pasaporte. Advierte que mi visado de becario en Estados Unidos acaba ese mismo día y me pregunta si tengo pensado regresar a Nueva York. Le contestó que sólo voy a pasar el fin de semana en Montreal. Hace una llamada y explica en francés a alguien la situación:
“ Un espagnol avec une visa B1 en expirant aujourd’hui qui rentre aux États-Unis dimanche”
Me dice que me siente. Tengo que hablar con otro agente. A los pocos minutos me avisan desde otra ventanilla. Un nuevo agente me saluda. Revisa mi pasaporte. Me explica en francés que voy a tener problemas para volver a entrar en Estados Unidos. Debería tener un billete de avión con una fecha de salida de los EE.UU. anterior al 29 de Noviembre.
Sigue preguntándome a que me dedico, que estudio, donde y que es Andalucía. Me pregunta si tengo dinero para regresar a España desde Montreal.
Me replanteo si seguir con esto.
El agente me explica que no tiene problema para dejarme entrar en Canadá pero que tendré problemas para regresar a EEUU. Me pone un sello en el pasaporte.
Puedo estar en Canadá hasta Abril del 2007.
En el autobús me están esperando. El chofer me pregunta si todo está bien. Continuamos.
Montreal parece más grande de lo que creía. Llegamos 20 minutos antes de la hora esperada. Voy a cambiar los dólares estadounidenses a dólares canadienses. El acento francés que tienen los que quebequenses es muy gracioso. Alargan sorprendentemente las últimas sílabas de cada palabra.
Llamo por teléfono a Sebastián. Me explica como llegar a la parada de metro Outremont donde vive él. Me espera en la segunda parada del bus número 68 y me explica que el lleva un gorro negro y que “tiene pinta de latino” para que pueda reconocerlo.
Sebastián, como todos los colombianos que he conocido en los últimos años, me trata como si fuera un amigo que conoce de toda la vida. Vive en un apartamento con dos franceses y dos quebequenses anglófonos. Me gusta el sitio, me recuerda a mi casa de Paris pero mucho más grande y con menos acento catalán.
Uno de sus compañeros de piso francés está cocinando un tipo de pastel de manzana. Nos sentamos en la cocina. De una de las habitaciones sale una de las quebequenses y comenta la fiesta que habrá al día siguiente en el piso.
Los franceses me explican lo fácil que resulta obtener un permiso de trabajo en el Québec. Les cuento cuál es mi único objetivo de venir a Canadá.
Llevan varios meses en Montreal. Cuando entran a una tienda en la ciudad nunca saben si saludar en francés o en inglés.
Sebastián reconoce que tiene algunos problemas con el francés aún.
Les comento que en Nueva York, cuando entras en una tienda, no sabes si saludar en inglés o en español.
Sebastián propone salir. Ha quedado con unos amigos en un bar por Montreal.
Uno de los franceses se queda en el piso. Prefiere ver una película en casa. La quebequense le presta el DVD de “Las invasiones bárbaras”. Le comento que es una película muy buena.
En una calle de Montreal nos encontramos con Anabel, amiga de Sebastián y Víctor, estudiante mejicano en Montreal amigo de Anabel. Vamos a un bar a tomar una cerveza. Me recuerda a Europa. Las mesas son redondas y no hay ninguna pantalla gigante con partidos de béisbol.
Anabel me cuenta en un perfecto español los diferentes proyectos con la Universidad que ha realizado en Centroamérica y su año en Barcelona donde fue a hacer un Master que fue anulado por falta de alumnos.
Cuando terminamos la cerveza le pregunto por el Québec. Lo más cerca que estuvieron de la independencia fue en 1995 cuando el Sí consiguió el 49’6% de los votos. Ganó el No con el 51’4%. Ahora no cree que el Québec se independice, demasiadas manipulaciones políticas.
Los dos coincidimos en las diferencias con el resto del Canadá y con los Estados Unidos.
Antes de regresar a casa Anabel nos lleva a comer algo típico del Québec. Un plato de patatas fritas con una salsa. No está mal.
El sábado me levanté muy tarde. No había nadie en el piso sólo dos gatos durmiendo en el sofá. Salgo a pasear por Montreal. Hace mucho frío. El centro de la ciudad me recuerda más a Europa. Empieza a nevar.
Llamo a Sebastián por teléfono y quedamos enfrente de un cine en el centro. Me propone ir hacia el puerto. Sebastián se sorprende que no hay traído mi cámara de fotos y dice que si fuera colombiano ya habría tomado cientos de fotos.
Me cuenta que el primer día que llegó a Montreal su padre lo llevó a visitar toda la ciudad. No le gustó ya que hubiera preferido visitarla poco a poco. Dice que lo peor de vivir en Montreal es el frío invierno.
Hacía poco tiempo lo tenía todo preparado para que su novia colombiana viniese a Canadá con él. Pero la Embajada en Bogotá le denegó el visado después de varios meses de papeles, inscripciones, entrevistas, pago de la tarifa para el visado y un piso preparado para los dos en Montreal.
Regresamos andando al piso ya que el metro estaba parado durante una hora. Durante el camino me pregunta por lo que pasó con los árabes en España. A cambió me da una de las mejores explicaciones sobre la historia contemporánea de Colombia, incluyendo guerrilla y victoria de Uribe que había escuchado.
En el piso ya tienen preparado DJ en la cocina.
Anabel viene más tarde al piso que se llena de gente rápidamente y me comenta que todos son anglófonos.
Hasta hace poco tiempo en el Québec había colegios para francófonos y para anglófonos. Para entrar en cada uno de ellos había que tener ascendencia inglesa o francesa. En la actualidad no es necesario.
En la cocina unas 20 chicas bailan algo que creo que es hip-hop. La compañero de piso de Sebastián es la DJ. El salón está lleno de gente hablando inglés. Ni rastro de los gatos.
Hay un pequeño cuarto con un ordenador. Busco en internet vuelos de Montreal a Madrid. Muy caros. Mínimo 700 dólares sólo ida. No paro de pensar en el policía canadiense de la frontera y sus advertencia para entrar de nuevo en los EE.UU.
Anabel dice que no me preocupe que los europeos no tienen problemas. Le respondo que espero que el policía de la frontera sepa que España está en Europa. Le cuento la historia del estadounidense que una noche en el East Village me preguntó que idioma se habla en España.
A las 3 de la mañana llegan el hermano de Sebastián y su novia.
A las 5 me duermo literalmente en los rincones. Sebastián propone dejarme su cuarto para dormir, ellos se van al salón. Sebastián y su hermano tocan una guitarra y más gente canta alrededor. Cierran la puerta y me duermo en menos de un minuto.
Lo último que escuché era “Help” de Los Beatles.
En el autobús de regreso también vuelvo a ser el único blanco. Me muero de nervios por pasar por la frontera.
Nos hacen bajarnos a todos con nuestra documentación preparada. Un policía me pide el pasaporte. Me pregunta si hago prácticas al ver mi visado. Me da una cartulina verde en portugués para rellenar. Le pido una en español. Paso a una ventanilla y el funcionario me pregunta cuando regreso a España. Me pone un sello en el pasaporte hasta el 5 de Febrero de 2007.
El viaje de regreso a Nueva York se hizo muy largo. El autobús paró en High Falls y Albany.
Pienso en Europa y en la libre circulación de personas.
Schengen es una localidad de Luxemburgo de 500 habitantes en la frontera con Francia y Alemania.
El acuerdo de Schengen se firmó en 1985. El objetivo del acuerdo es la creación de una zona de libre circulación con la supresión de las fronteras comunes de los países firmantes. Mediante este acuerdo los estados suprimieron los controles de las fronteras comunes de la Unión europea.

rafael dijo
Rafa es una pena que te vengas pronto,pues tu vida en Nueva York es muy interesante,sigue contandonos cosas.
13 Diciembre 2006 | 05:24 PM